| De origen normando, parisino por obligación, el actor Philippe Torreton encuentra en Narbona las proporciones perfectas, aderezadas con una pizca de exotismo, y está convencido de que ha logrado desentrañar algunos de los secretos de la armonía y la forma de respirar de sus habitantes. |
Philippe Torreton : « Como si el viento barriese los malos humores » |
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« Necesito el contacto con la naturaleza, para mí es esencial. Cada vez que vengo, a veces con mi familia, pienso que los narboneses tienen mucha suerte, porque hay pocas ciudades que puedan ofrecer, a dos pasos del centro, tanta diversidad de paisajes y de actividades. En mi última estancia en Narbona me recomendaron una ruta para correr por el macizo de la Clape, y es uno de los recorridos más bonitos que he hecho. Todos esos pinos bordeando los senderos, la arena, la tierra y las piedras bajo los pies, y el mar a lo lejos…, ¡es precioso!
Me han explicado los matices de los distintos vientos (el cers —tramontana— y el marin —marino—) que habitan el cielo de Narbona. Puede que los narboneses deban su vivacidad y su alegría a este clima tan particular, como si el viento barriese los malos humores y dejase una pizca de pimienta y energía. Esta región ha sabido valorar la importancia del viento como energía renovable al instalar sus parques eólicos en la costa: es una buena apuesta para el futuro.
Antes de las representaciones, me gusta pasear. Sean cuales sean mis vagabundeos, a lo largo del canal de la Robine o por el barrio de Bourg, siempre acabo en la plaza del Hôtel de Ville, que me parece un paso obligado. Recomiendo a todos los visitantes que den un paseo alrededor de la catedral, por la noche, como he hecho yo; aunque esté sin terminar, es grandiosa y única. »