© Ville de Narbonne / Colombier
« Antes que un aburrido calendario de visitas, prefiero respirar el ambiente de una ciudad, perderme por sus calles y charlar con sus habitantes. En este sentido, Narbona es perfecta. La hospitalidad propia de las regiones mediterráneas adquiere aquí un sentido especial, con esa facilidad en el trato y esa tradición alrededor de la mesa que me encantan.
Como me gusta el buen vino, me alegró mucho que me escogieran como padrino de la subasta del vino de la ciudad - Narbo 118 -, que se celebró en diciembre de 2005. Fue una iniciativa tan generosa como lo es Narbona, ya que los beneficios se destinaron a la construcción de tanques de agua en Burkina Faso. Y, curiosamente, tuve la suerte de asistir al nacimiento de un vino, desde la adquisición de una parcela en 2003 en el terruño del Quartouze, hasta su envejecimiento en barricas de roble en ese monumento singular que es el Horreum, el depósito romano. »