| La abadía de Fontfroide es excepcional por su perfecto estado de conservación. Nicolas d’Andoque evoca la restauración que llevó a cabo su abuelo, Gustave Fayet (al lado), con un trueque patrimonial: obras maestras de la pintura a cambio de un claustro medieval. |
abadía de Fontfroide : Milagros y el tesoro oculto de Fontfroide |
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La abadía, una de las más ricas e influyentes de Francia, logró escapar al inventario de Bienes Nacionales efectuado en tiempos de la Revolución Francesa. Gracias a este primer «milagro» se evitó que corriera la triste suerte de convertirse en cantera, como sucedió con otros monumentos. El segundo «milagro» se encarnó en la persona de un mecenas del siglo XIX que se arruinó para evitar que el abandono la destruyera. El más reciente de estos «milagros» fue la adquisición del edificio por Gustave Fayet en 1908, y su posterior restauración. Esteta, artista multidisciplinar, corresponsal de Gauguin —que se dirigía a él como « usted, pintor… »—, la fortuna de este hombre oriundo de Beziers procedía de un viñedo de 800 ha.
Gustave Fayet y su esposa, Madeleine, convirtieron Fontfroide en una colonia de artistas de la belle époque. Por allí pasaron Bauzil, George-Daniel de Montfreid, Aristide Maillol, los compositores Maurice Ravel y Déodat de Séverac. De este periodo se conservan algunos testimonios artísticos, como las vidrieras de René Billa, conocido como Richard Burgsthal, que es un puzle de cristales de colores restaurado con acierto recientemente.
Dos paneles de Odilon Redon, El día y La noche , considerados su obra más ambiciosa, decoran la biblioteca de la abadía, aunque lamentablemente no están expuestos al público. Se pueden admirar sus reproducciones. Redon creó esta obra entre París y Fontfroide por encargo de Gustave Faye. Desde 2006, Fontfroide cuenta con una sala Fayet que permite conocer la obra —de influencia simbolista— del salvador de Fontfroide (en especial las extraordinarias alfombras).