| Narbo, capital romana de la provincia Narbonense, conserva de aquella época dos vestigios fundamentales: el Horreum —un depósito subterráneo— y un tramo de la vía Domitia descubierto en 1997. Este último condensa 440 años de la historia de Roma, desde su cénit hasta su crepúsculo. Haremos un viaje por el tiempo, en compañía de Raymond Sabrié. |
Narbona antigua : Tras las huellas de la última emperatriz de Occidente |
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Mi primer encuentro con Narbona se produjo en 1996. La ciudad me había invitado a participar en el excelente y reconocido Concurso Internacional de Quintetos de Metales, para el que Raymond Sabrié maneja datos muy precisos. La vía trazada por el procónsul Domitius, y que utilizaron los césares, se encuentra a una profundidad de 1,50 m, por debajo de las losas descubiertas en 1997. Metro y medio de polvo que recubren 440 años de historia, entre la visita a Narbona de Augusto en el año 27 a. de C. y la llegada de Gala Placidia en el año 413 d. de C.
Los bloques que pueden verse actualmente datan de finales del siglo IV y pavimentaron el camino que tomó la última emperatriz romana de Occidente, quien vivió en carne propia el declive de Roma. Gala Placidia (390-450), hija de Teodosio I —quien impuso el cristianismo y dividió el Imperio entre Oriente y Occidente—, formó parte del botín que obtuvo Alarico al saquear Roma en el año 410.
En Narbona, el visigodo Ataúlfo, sucesor de Alarico, desposó a la princesa rehén en el año 414. La piadosa Gala Placidia enviudó y volvió a casarse con Constancio, junto al que reinó hasta enviudar nuevamente; mientras duró la minoría de edad del hijo de ambos, Valentiniano III, actuó como regente.
La emperatriz falleció 26 años antes de que Odoacro depusiera al último emperador romano de Occidente: un niño llamado Rómulo Augusto. compuse un quinteto titulado Courts métrages. Dos años después, para ese mismo concurso, el trompetista Bernard Soustrot me encargó el concierto ibérico para trompetas y orquesta sinfónica; él mismo dirigió su estreno en Narbona, acompañado por la orquesta filarmónica de Bonn. Estas dos visitas a la ciudad me ofrecieron la oportunidad de conocer los lugares de mayor prestigio de Narbona: la sala de los Sínodos en el palacio de los Arzobispos, la maravillosa abadía de Fontfroide o el Teatro de Narbona, con una acústica formidable.