Desde el macizo de la Clape —un paraíso para los paseantes y los aficionados a la naturaleza—, se divisan algunas de las vistas más hermosas del Mediterráneo. Basta con salir temprano por la mañana, antes de que el calor apriete, para recorrer los senderos silvestres, que huelen a pino y a las plantas aromáticas de la garriga. Para sorprender a los flamencos rosas y a las fochas comunes hay que encaminarse a la albufera de Bages-Sigean, inmóvil y transparente, rodeada por un circuito de senderismo bien señalizado para ir conociéndolo en varias etapas. En esta región de canales y de ríos no pueden pasarse por alto los paseos en gabarra. Cuando se ha experimentado el placer de navegar sobre las aguas tranquilas de la Robine —que conecta el canal du Midi con el mar— siempre se regresa.
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Sentero del Golfo Antiguo
En el sur de Narbona, la espectacular albufera de Bages-Sigean —de 3.700 hectáreas— desemboca en el mar por el grau (paso estrecho) de Port-la-Nouvelle. El sendero señalizado que rodea la albufera permite acercarse a este universo siempre cambiante, formado de agua salobre. Numerosas aves anidan en este entorno protegido, en el centro del Parque Natural Regional de la Narbonesa. Amigos ornitólogos, ¡lleven sus prismáticos!
hacer
Etapa 1 - Narbonne–Port-la-Nautique: 15 km (tramo llano).
Colina de Fontfroide: 23 km (5h45); salida desde Doumergue, en el sur de Narbona. |
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