Desde el macizo de la Clape —un paraíso para los paseantes y los aficionados a la naturaleza—, se divisan algunas de las vistas más hermosas del Mediterráneo. Basta con salir temprano por la mañana, antes de que el calor apriete, para recorrer los senderos silvestres, que huelen a pino y a las plantas aromáticas de la garriga. Para sorprender a los flamencos rosas y a las fochas comunes hay que encaminarse a la albufera de Bages-Sigean, inmóvil y transparente, rodeada por un circuito de senderismo bien señalizado para ir conociéndolo en varias etapas. En esta región de canales y de ríos no pueden pasarse por alto los paseos en gabarra. Cuando se ha experimentado el placer de navegar sobre las aguas tranquilas de la Robine —que conecta el canal du Midi con el mar— siempre se regresa.
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Capilla Notre-Dame- des-Auzils y el cementerio marino
El macizo de la Clape fue con anterioridad una isla; el limo del Aude lo unió al continente. Hoy en día, este gran enclave natural entre Narbona y Gruissan, protegido desde 1973, domina la costa.
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