Miel, pescado, marisco, aceitunas, higos, piñones… La calidad de estos productos contribuye notablemente a la calidad de vida en la región de Narbona, así como a su buena fama. La costa está muy presente: ostras y mejillones de Gruissan y de Leucate, o anguilas de las albuferas. Ahora bien, el interior no se queda atrás; por ejemplo, con los caracoles comunes (Helix aspersa; conocidos aquí como «petit-gris»), que se encuentran en la garriga. Para el viajero apresurado que quiere verlo y probarlo todo, lo ideal es darse una vuelta bajo la cúpula acristalada del mercado de Narbona, templo de las delicias regionales, conocido en todo Languedoc por la frescura de sus productos y por su animación.
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Miel
La famosa miel de Narbona, conocida desde la Antigüedad, se utilizaba como elemento de trueque en los intercambios comerciales del mar Mediterráneo. La miel —de lavanda, acacia o garriga—, néctar tierno y perfumado, pone su toque de untuosa dulzura en las rebanadas de pan gris; felicidad sencilla, placeres sutiles.
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© J. Debru
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