Miel, pescado, marisco, aceitunas, higos, piñones… La calidad de estos productos contribuye notablemente a la calidad de vida en la región de Narbona, así como a su buena fama. La costa está muy presente: ostras y mejillones de Gruissan y de Leucate, o anguilas de las albuferas. Ahora bien, el interior no se queda atrás; por ejemplo, con los caracoles comunes (Helix aspersa; conocidos aquí como «petit-gris»), que se encuentran en la garriga. Para el viajero apresurado que quiere verlo y probarlo todo, lo ideal es darse una vuelta bajo la cúpula acristalada del mercado de Narbona, templo de las delicias regionales, conocido en todo Languedoc por la frescura de sus productos y por su animación.
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Caracoles
En las tardes de lluvia fina se les ve salir por millares y barzonear por los finos tallos del hinojo o del romero… ¿De dónde vienen? ¿A dónde van? Van, como no podía ser de otro modo, directos a la cesta de los aficionados a los petit gris, para terminar en la parrilla —en lo que aquí se llama «cargolade»—.
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© J. Debru
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