El retorno del arzobispo presidente |
|
| Dos siglos después de su muerte, los restos de monseñor Arthur Richard Dillon regresaron a su diócesis, de la que fue último arzobispo. Ahora reposa en la catedral de Saint-Just-et-Saint-Pasteur, tras dar un largo rodeo por Londres. |
Los visitantes de la catedral gótica no dan crédito a sus ojos. Narbona puede afirmar que tiene una sepultura reciente de un prelado del Antiguo Régimen. Monseñor Arthur Richard Dillon, nacido en Saint-Germain-en-Laye en 1721 y fallecido en Londres en julio de 1806, en el exilio, fue inhumado el 16 de marzo de 2007 en la capilla de Saint-Martin. La ceremonia tuvo carácter oficial —en ella estuvo presente el arzobispo de París, Jean-Marie Lustiger— y fue digna del presidente que fue Dillon: presidente de los Etats du Languedoc, una institución parlamentaria anterior a 1789, que anunciaba la futura descentralización. El cargo de presidente recaía en los primados de la Galia narbonense, título que fue concedido en 1763 a Dillon, aristócrata de origen irlandés.
La idea de repatriar sus restos mortales surgió en 2003, cuando se le ocurrió a Jacques Michaud, profesor de historia del derecho en Montpellier, presidente de la comisión arqueológica de Narbona y enamorado de Septimania (antiguo nombre de la región). Cuando se hicieron las obras del Eurostar, apareció en Londres, en el antiguo cementerio de Saint-Pancras —conocido por ser el lugar de entierro de muchos aristócratas franceses huidos de la guillotina durante la Revolución—el ataúd del arzobispo.
El profesor Michaud avisó a la Nunciatura y al primer ministro británico, Tony Blair: había que devolver a Narbona los restos de monseñor Dillon. Cuatro años y muchos trámites después, se consiguió.